Mi amante casado


Me eligió él, y me persiguió él, y éste es un rasgo que he visto que se repite en los hombres narcisistas. Eligen a sus presas y las persiguen, no desesperan y aguardan pacientes a que sus presas caigan en la trampa. En su caso, me estuvo enviando mensajes durante semanas, hasta el día en que por fin acepté quedar con él.

La primera vez que quedamos no hablamos de nada importante, de música y de libros. Solo al final de la conversación me dijo que estaba casado. No lo había mencionado siquiera hasta entonces. Le dije que no quería tener nada que ver con casados pero aún así acepté quedar una segunda vez con él.

Aquella segunda vez quedamos en un café y nos cogimos de las manos. Ël, que es muy rubio, enrojeció hasta la raíz del pelo. Después me contó la milonga clásica: Ya no estaba enamorado de su mujer, casi no tenían sexo, pero no se atrevía a dejarla porque tenía miedo a la soledad y porque sentía compasión por ella

Más predecible que un pantallazo azul en Windows

Aún así, seguimos en contacto. Mi historia de amor con el político ( otro día la contaré) daba sus últimos coletazos y yo empezaba a entender que ese señor ni me había querido ni me quería ni me iba a querer nunca. Contactar al señor político era imposible, siempre estaba metido en un lío o en otro, y para colmo tenía el teléfono intervenido. Si le enviabas un mensaje te lo respondía eso sí, , siempre. Pero podías esperar entre doce y veinticuatro horas para recibir la respuesta. Y muchas veces era extremadamente lacónica. Sin embargo mi hombre casado estaba permanentemente al otro lado del teléfono o de la pantalla del ordenador. Si le enviabas un mensaje, recibías respuesta casi inmediata. Estaba allí para ti, y además era exageradamente cariñoso y amable. Incluso si le escribías a casa y a horas en las que su mujer estaba allí, te respondía. Supongo que se encerraba en el cuarto de baño.

 

Hablábamos a diario, un rato por teléfono, otro por chat, otro por guasap. Durante unos quince días, me sentí muy acompaña nada por él y, sobre todo,  me sentí halagada, deseada y valorada. Me escribía notas preciosas, a veces intensamente eróticas, sobre las ganas que tenía de verme y lo que haría si algún día encontrábamos un sitio para estar juntos.

Pero no lo encontrábamos, porque él estaba casado y su mujer lo tenía muy controlado. Sí, claro, habríamos podido darnos un revolcón rápido cualquier día a la hora de comer pero yo quería una primera vez bonita, no un aquí te pillo aquí te mato, y el parecía compartir mi opinión, y había algo de encantadoramente anticuado en ir dejando retrasar el momento. Yo no estaba enamorada de é, en absoluto, de hecho pensaba obsesivamente en el otro, pero me gustaba leer sus mensajes y me sentía muy mimada. Me hacía sentir bien leerle y escucharle, porque era exageradamente lisonjero.

 

 

Una noche él había quedado en pasarse por su casa de sus padres para no se sabe qué. Cuando salía de allí, y de camino hacia su casa, me llamó desde el móvil. Estaba frente a mi portal. La niña ya estaba durmiendo. Bajé a saludarle dejando a la niña sola en casa. Nos besamos en el portal. Estaba oscuro, pero nuestra electricidad generaba una luz propia Yo no veía, pero veía en mi interior. Nos besamos mucho rato. La oscuridad era un destino para los labios y una vocación para las manos, en aquel negro esplendor que nos cegaba. Se había lavado el pelo y lo tenía muy suave, daba gusto acariciárselo, como el contacto sedoso de un animal acicalado. Olía a algún perfume denso y penetrante, que mareaba. Lo aspiraba y sentía que aspiraba su esencia, sus latidos confundidos con los míos. Lo sentía vibrar contra mí  en confusión bajo el murmullo de mi tacto, dispuesto a mi caricia, de improviso, entre la sombras del portal, como recién descrubierto,como otro. Otro nuevo.otro sin compromisos ni obligaciones. 

No me tocó por debajo de la ropa pero se apretó contra mí y sentí perfectamente su erección. Hice una broma a propósito del tema y me susurró al oído que antes de salir de casa se había masturbado pensado en mí.

Cuando subí a casa estaba como en una nube, como si me hubiera drogado, se me rebelaba una locura celular por el pulso de la sangre.  Pero tuve una intuición muy pura de que nunca iríamos más lejos, que no podríamos superar aquello, que aquel momento ya había sido perfecto, y que nunca iría a mejor. 

 

 

 

Poco después me avisó de que su mujer se iba a pasar el fin de semana en casa de sus padres y que él había pretextado un montón de trabajo acumulado para no tener que acompañarla. Se iba a pasar dos días solo. Yo no quería ir a su casa, así que necesariamente él tendría que venir a la mía. Ese fin de semana mi hija tenía que ir a pasarlo a casa de su padre.  Me envío varios mails muy bien escritos, irónicos, eróticos, promisorios. Tenía muchas ganas de estar por fin conmigo a solas,

Yo le deseaba, pero no estaba tan segura.

Le deseaba, sí, pero ¿y si el asunto salía bien y después le deseaba aún más? ¿ Podría dejarle partir tan tranquila?  Por no hablar de que si bien no tengo mucha conciencia moral sí que creo que un hombre que es capaz de hacerle eso a su mujer, te lo puede hacer a ti en el futuro. Es decir, podía ser que la cosa no avanzara, y que se quedara allí. Podía ser que yo me enamorara y que tuviera que soportar que él volviera con su mujer y no tenerle nunca. Podía ser que él dejara a su mujer pero ¿iba yo a vivir una historia en serio con un hombre que era capaz de mentir de una forma tan flagrante?

Me pasó a recoger por casa. Llovía y hacía mucho frío. El quería subir para que le invitara a un café pero yo no le dejé. Bajé a la calle y le dije que me acompañara al bar de la esquina. Nos sentamos en un sofá que hay en un rincón del establecimiento,

  • Dime- empecé yo, taza de relaxing cup en mano- ¿ no tienes cargo de conciencia?
  • No , ¿por qué lo iba a tener? No tengo el más mínimo reparo. Además, ahora mismo no se dónde está ella, y podría estar haciendo exactamente lo mismo.
  • ¿Quieres decirme que más o menos tenéis una relación abierta de ésas de “ ojos que no ven, corazón que no siente, haz lo que quieras pero procura que no me entere”?
  • No, qué va… Si ella se entera de que estoy contigo, me mata. Es muy celosa
  • Entonces , estás mintiendo.
  • Claro.
  • Y  ¿no sientes ni un mínimo cargo de conciencia?
  • No, qué va. Todo el mundo hace cosas así.
  • No todo el mundo. Existen los maridos fieles ¿sabes?
  • Pues yo no los conozco. Todos mis amigos son infieles.
  • Pero el mundo no se acaba en tus amigos…
  • Oye, ya está bien ¿no? No te metas en mi vida, lo que yo haga con mi vida es asunto mío.
  • Y mío, puesto que te vas a acostar conmigo, y en mi casa.
  • Pero tú y yo sabemos perfectamente a lo que vamos.
  • ¿Y qué pasaría si yo me enamorara de ti, por ejemplo?
  • Tú no te vas a enamorar de mí, tú sabías perfectamente desde el primer momento lo que había.
  • Bueno, lo que había, según tú, era un matrimonio roto…
  • Yo jamás te he dicho eso.
  • Perdona, pero sí me lo has dicho. Me dijiste que no la querías y que venías a estar con ella poco menos que por pena y costumbre.
  • Yo no te he dicho nada de eso. Yo a ella la quiero.
  • Y si la quieres ¿por qué le haces esto?
  • Pues porque ella siempre impone todo. La decoración de la casa la impone ella, los horarios los impone ella, a donde vamos de vacaciones lo ha impuesto ella… Pues supongo que alguna parcela de libertad me tengo que reservar ¿no?
  • ¿Y no es más simple sentarte a hablar con ella y decirle que hay cosas que no te gustan en lugar de ponerle cuernos a sus espaldas?
  • Tía, no sé a qué viene todo este ataque. Yo no me meto en lo que tú haces cuando yo no estoy y tú no te tienes que meter en mi vida.
  • Si me acuesto contigo formaré parte de tu vida, quieras o no.
  • Oye, tía, no te pases, tú sabías perfectamente desde el principio en lo que te estabas metiendo y de lo que iba a esto.

Pensé en hablarle de sus mensajes encendidos e incluso en sacar el teléfono y enseñárselos, pero se me ocurrió un argumento más contundente.

  • Es decir, cariño, me estás diciendo que yo estoy desesperada por follar, que necesito un polvo como loca, y que me voy contigo solo por sexo puro y duro , porque estás tan bueno que lo que inspiras es eso, puro sexo y nada más, y que nada más verte me pongo húmeda y solo pienso en eso, porque estoy salidísima, que no lo hago porque busque afecto, cariño, querer y que me quieran, intimidad....
  • Yo no sé qué te pasa tía…

Vamos a ver. El hombre había culpado de sus infidelidades a su mujer, y me hacía responsable subsidiaria a mí del tema, decía que yo “ le atacaba” cuando me había limitado a hacer una simple pregunta, convertía una semana de llamadas diarias en un “sabías a lo que ibas” y de pronto afirmaba querer a una señora a la que durante los pasados quince días había asegurado no querer.

En fin, una es tonta...

Pero tanto no.

 

 

Me levanté y me fui a casa. El pagó la cuenta. No me siguió. Nunca más me volvió a llamar.

A veces pienso en cómo será ella o si alguna vez imaginó algo.

Pero su mujer no me lee.

Según él, su mujer no leía nunca. 

 

Publicado por: Administrador Web
Fecha: Nov. 16, 2013 at 11:46pm



Ricci
Nov. 17, 2013 at 12:41am
Lo leo y es tan real como que respiro, y tan convincente que lo estoy viendo.
Eres una escritora tan excepcional como mujer excepcional eres.
Felicidades


Josep
Nov. 17, 2013 at 12:43am
¿Y cómo sabes que realmente estaba casado?
Perdona que me autocite, pero algunos solteros fingen estar casados para evitar el compromiso: http://descans.blogspot.com/2009/12/home-solter-home-casat.html


MJ
Nov. 17, 2013 at 5:39pm
Buenisimo, no has podido describirlo mejor, que grande eres Lucía.


Eva
Nov. 17, 2013 at 6:12pm
Me he sentido identificada...


el cuarentaero dicharachero
Nov. 17, 2013 at 6:45pm
Hola lucía,estoy empezando en esto de escribir,ésta mañana he publicado una historia en mi face,me encantaría que la leyeras y me dieras tu opinión profesional...un abrazo¡no cambies!


Alida
Nov. 18, 2013 at 8:13pm
Hola!
Esta historia me suena. Aunque no es la misma, se parece..
En mi caso, el empezó a tontear conmigo y a mi me gustaba. Me gustaba que alguien me regalara los oídos. Por supuesto sabía que estaba casado. Pero creía estar enamorada y que él, a juzgar por su forma de mirarme, también creí que sentía algo por mi. No he sido la única con la que ha tonteado, ni mucho menos. Cómo decía un compañero de trabajo común: Le gustan todas menos su mujer. Y yo también lo creo. También es político y tiene un buen trabajo. Su mujer tiene un apellido y unos ingresos elevados, a parte de dos hijos adolescentes. Machista y psicópata (nunca tiene remordimientos, nunca se disculpa) jugaba a seducirme y yo, que creía estar enamorada, también intentaba seducirle. Después de siete u ocho meses, tonteando, le hice llegar un correo, explicándole que me estaba empezando a colgar y que tendríamos que encontrar una solución, ya que trabajábamos juntos y el era el jefe y yo la subjefa. Él respondió que él sentía lo mismo, que él estaba casado y que mejor que no pasara nada, ya que si pasara se tendría que replantear estar casado con su mujer, ya que según él, no podría tener-me de amante y sólo verme de vez en cuando. Esto me dio alas. Empezamos a whatsappearnos todos los días, incluso estando su mujer en casa. Al final quedamos para vernos y acostarnos. Me trató muy mal. Me hizo sentir cómo una buscona (de hecho me lo dijo) e incluso me llegó a decir si quería acostarme con él y un amigo suyo. Yo había comprado el desayuno pero se largó al momento diciendo que él había venido a lo que había venido. Incluso dijo: Ahora mi mujer ya se puede quejar, porque hasta ahora eran celos infundados. Me hizo mucho daño. Cuando se fue, le envié un whatsapp diciéndole que se había portado muy mal, etc.. Bueno, total la semana siguiente, en el trabajo, me dijo que lo sentía (creo que una de las únicas veces que se ha disculpado) me invitó a comer y dijo que se lo estaba pasando muy mal y que hacía mucho tiempo, años, que no estaba tan bien con nadie. Incluso me mandó un whatsapp que ponía "ojalá estuviera aquí para darte un beso" etc..Le perdoné. Soy idiota, lo sé. Continuamos mandándonos whatsapps eróticos, cariñosos, etc.. En el trabajo siempre andábamos juntos, etc.. Hasta que un día, en el trabajo, enfadado con una empleada, me echó de su despacho gritando. Ni se disculpó. Según él, yo lo quería controlar! Yo era el primer año que trabajaba como subjefa y lo necesitaba a él para el trabajo. Él no hacía su trabajo en condiciones y los trabajadores se quejaban continuamente y yo lo defendía, supongo porque creía quererlo. Quería creer que todo volvería a ser como antes. Que ingenua! Hicimos las paces, más que nada porque nos necesitábamos mutuamente en el trabajo y porque yo insistí en que teníamos que llevarnos bien. Volvió a ser el de antes durante tres o cuatro semanas. Nos mandábamos mensajes cada día, durante casi una hora. Me repetía continuamente que quería volver a estar conmigo. Sí, lo sé, fui absurdamente tonta porque yo también quería otra vez estar con él. Hasta que un día empezó a gritarme de nuevo, sin venir a cuento. Unas compañeras del trabajo me decían que debía dimitir. Tampoco se disculpó. Ya por aquel entonces estaba muy harta y le pedí una explicación de porqué me trataba de aquella forma. Se burló de mi. Dejé de mandarle mensajes. Él tampoco contestó. Estuvimos una semana de vacaciones. Ni un solo mensaje. Cuando regresamos le pedí otra explicación. Quería que fuese sincero conmigo para poder cerrar la historia y trabajar con él sin tensión. Se burló de mi y me dijo que no tenía derecho a ninguna explicación. Me enfadé mucho y dimití de mi cargo, porque no podía trabajar con alguien . Él dijo que no era yo quien dimitía sinó que el me echaba. Entonces le amenacé: "Y que piensas argumentar para echarme?" Nadie le creería si hubiera dicho que yo no trabajaba bien, ya que el resto de trabajadores estaba harto de él. Recapacitó y me pidió disculpas y que me daría una explicación. Su explicación fue: "Me cansé de ti, soy así". Lógicamente me sentó muy mal. Continuamos trabajando juntos, pero dejamos de enviarnos mensajes, aunque él me seguía al bar dónde desayuno con mis amigas. Algunos días hacía referencia a su mujer cómo la mujer de su vida, otro día me dijo que yo había sido un rollete sin importancia, etc... Algunos días me gritaba y yo le contestaba mal. Otros me hablaba de su vida, cómo si fuésemos amigos. Yo aguantaba por el trabajo e intentaba poner buena cara. Finalmente él dejó el trabajo por uno mejor. Le envié un mensaje, cuando se fue, porque él tenía pensado venir a comer con los trabajadores, un mensaje explicándole cómo me había sentido y pidiéndole que si venía a comer, porfavor no me hablase (su táctica preferida era simular que nunca había pasado nada). Era un correo sincero, de corazón y volvió a burlarse de mi con la respuesta. Yo no fui a comer pero en la despedida, yo cómo subjefa de otro jefe otra vez, tuve que asistir. Se disculpó en general y tiró flores a mi forma de gestionar el trabajo. Formas de quedar bien, pero nunca más he sabido nada de él y no quiero saberlo nunca más. Hace poco preguntó por mi. Nunca había creído que alguien podía ser tan y tan cobarde, tan poco empático y tan embustero.
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