Sola


Ella está sola. Sola. A su paso, las madres de los demás niños cuchichean y murmuran. Ya no la invitan a las cenas de parejas, los que antaño fueran amigos comunes ni le llaman.

 

Está sola.

 

Cuando estaba casada no se hacía preguntas. Sentía el tiempo, perdía el tiempo, sin reconocer siquiera cómo el tiempo se quemaba en su tranquilo rumor. Y de pronto, le asaltó a conciencia súbita de que estaba allí de prestado. Tan cierta como que su propia vida la vivía de prestado, esa extraña vida delegada, esa existencia monótona que se había creado para poder vivir sin daño y dejar que todo pasara alrededor de su casa mientras que ella se limitaba a fingir que amaba y fingir que se creía amada. Había crecido y había madurado de la mano del engaño, y cuando él se fue como llegó, inesperadamente, dejando una vasta oquedad aterradora, se quedó vacía, vacía en la verdad. Qué relativos entonces parecían todos los besos y qué incruenta la batalla en cada ángulo de su piel.

 Ella está sola. Sola. Ahora no puede mirar al futuro, ahora tiene que pensar en lo que es, en lo que goza o en lo que padece. Confiada, debe salir al exterior y dejar que el sol se le reparta en cada gota de sudor, gozosamente inmune a otro tiempo que no sea el presente. Ahora está sola, sola, y lo imposible comienza a ser real.

 

Se prepara para avanzar, por primera vez, sola, y ser por primera vez, sola,  Ella sin más adjetivo. No la hija de, la mujer de, la madre de. Y se prepara para conducir sus pasos hacia parajes presentidos, hacia otras tierras que nunca le cerrarán las fronteras. Por una vez la conciencia de los golpes pasados no logra desanimar a esa esperanza que pone a merced de vientos más propicios y paisajes más amigos. Ha decidido enterrar en la memoria la inseguridad, el miedo, la dependencia, y emprender un nuevo camino, un camino arriesgado, pero quizás el único.

 Ella está sola, sola. Y sin embargo, se sienta plena de amor. Nada de ese amor que se identifica con posesión, chantaje, intrusión, conflicto, celos. Nada de ese amor que no es amor sino dependencia. Nada de ese presunto amor que te obliga a caminar con muletas y te impide bailar. No. Plena de un amor que brota desde una misma hacia una misma y que desde allí se va ramificando en diversas corrientes hacia los amigos, hacia los niños, hacia los animales, hacia los amantes, hacia la música, el arte, la literatura...

Plena de amor incondicional que se entrega de forma gratuita y se recibe sin culpa, de amor que supera el ego. Plena de  un amor que no necesita procesarse ni tampoco justificarse desde especulaciones racionalistas. De un amor que no espera respuesta o retribución. De un amor que hace crecer y no mutila. 


De un amor que no culpabiliza, ni exige, ni condena.  De un amor que  no impone silencios, que no denigra ni insulta. De un amor que ayuda, apoya y anima, que es energía revolucionaria,  que no conoce límites, que juega y se divierte, que no parasita,  que nace libre, responsable y sin excusas. Que no es simplemente un privilegio que se otorga; sino un derecho que se adquiere

Ella está sola, sola. Y sola se dispone a salir al exterior, airosa y valientemente encaramada sobre los tacones rojos.

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=m5YYJsts0bE

 

Publicado por: Administrador Web
Fecha: Sep. 25, 2013 at 05:58am

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